Tourbillon significa literalmente «torbellino» o «remolino», una palabra muy visual y poética. En la canción, el cantante dice que queda pris dans un tourbillon, es decir, atrapado en un torbellino de emociones cuando escucha la voz de su amada, hasta perder la razón.
En «J’entends ta voix» («Oigo tu voz»), Charles Aznavour convierte una voz amada en una especie de hechizo. Antes de que aparezca la persona, el narrador oye un mundo dentro de sí, el corazón acelerado, un ruido y unos pasos. Entonces se abre la puerta y llegan la mirada clara, el cabello dorado y la risa de ella. La voz le trae palabras que arrullan su felicidad y lo deja tan emocionado que dice ver doble, perder el rumbo y pasar de «pauvre amoureux» («pobre enamorado») a rey. Es una exageración amorosa, sí, pero muy simpática: oírla basta para que todo parezca posible.
La canción sube de intensidad como una conversación que empieza en voz baja y termina en una declaración desbordada. El narrador quiere gritar, cantar «à tue-tête» («a todo pulmón») y subir a los tejados. Cuando abraza a su amada, el mundo entero se apaga: la vida, el tiempo y sus ruidos dejan de percibirse, y solo queda «l’écho de ta voix» («el eco de tu voz»). Para aprender francés, fíjate en j’entends, que significa «oigo» o «escucho», y en ta voix, «tu voz». La repetición de estas palabras imita la obsesión dulce del enamorado: para él, esa voz no es un sonido cualquiera, sino la señal que pone en marcha toda su alegría.