Defeat significa "derrota". Es una palabra fuerte y emocional que describe el acto de perder ante un reto o enemigo.
En la canción, Freddie Mercury proclama "I ain't gonna face no defeat", dejando claro que no piensa rendirse pese a las adversidades. Este uso le da un matiz de perseverancia y valentía que la hace memorable.
¿Alguna vez has sentido que el trabajo te rompe el lomo y aun así llegas a casa con la cama vacía? Justo ahí arranca este clásico de Queen. Freddie Mercury no se anda con rodeos: se mira al espejo y se echa a llorar con la demoledora frase «Each morning I get up I die a little» («Cada mañana que me levanto muero un poco»). El narrador trabaja hasta que le duelen los huesos («I work till I ache my bones») y lleva su sueldo a casa completamente solo. La letra suena como un grito desesperado al cielo pidiendo un respiro; pasa los años creyendo en Dios, pero siente que no recibe nada de paz a cambio.
Lo más divertido y honesto llega cuando admite lo que la gente dice de él en la calle. Sueltan que se está volviendo loco y usan la frase «I got a lot of water in my brain» («tengo mucha agua en el cerebro»), una forma directa y casi cómica de decir que le falta un tornillo o que perdió el juicio. A pesar de sentirse encerrado como en una celda («prison cell») y confesar que pierde el ritmo al caminar, se niega a admitir la derrota: «I ain't gonna face no defeat» («no voy a encarar ninguna derrota»). Toda la canción es esa súplica implacable y pegadiza: ¿alguien puede encontrarle a quién amar?